Rogue One: A Star Wars Story (2016) es considerada por muchos como una de las mejores entregas de la saga. Además de regalarnos una historia emocionante y cargada de tensión. Pero más allá de la historia, abrió un debate crucial sobre el derecho de imagen en Rogue One, al “revivir” digitalmente al icónico Grand Moff Tarkin.
Este personaje, interpretado originalmente por Peter Cushing en Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza (1977), volvió a la pantalla más de veinte años después de la muerte del actor en 1994.
Para lograrlo, se utilizó al actor Guy Henry como doble de cuerpo y actuación, combinando su interpretación con material de archivo y un exhaustivo trabajo de retoque digital.
Una resurrección digital polémica
El resultado fue impactante: mientras muchos fanáticos celebraron esta “resurrección digital” como un homenaje, otros se sintieron incómodos con la idea de traer de vuelta a un actor fallecido sin su consentimiento.
El debate trascendió las redes sociales. En septiembre de 2024, Kevin Francis, amigo cercano de Cushing, interpuso una demanda contra Lucasfilm/Disney y la productora Lunak Heavy Industries.
Su argumento fue claro: Cushing nunca autorizó que su imagen fuese recreada digitalmente tras su muerte y, además, existía un acuerdo para que nadie pudiera explotarla sin el consentimiento de Francis.
Disney respondió solicitando desestimar la demanda, alegando que el contrato firmado en 1977 les otorgaba derechos suficientes para utilizar la imagen del actor.
Sin embargo, un tribunal en Londres rechazó esta solicitud y permitió que el caso siguiera su curso. El motivo es clave: se trata de un tema legal en construcción, con muy pocos precedentes sobre el uso de la imagen de personas fallecidas en la era digital.
¿Quién decide sobre nuestra imagen en la era digital?
El caso de Rogue One es solo un ejemplo de cómo la tecnología pone sobre la mesa preguntas profundas: ¿qué pasa con nuestra imagen después de morir? ¿y mientras estamos vivos, quién tiene realmente el control?
La respuesta es directa: tú. Eres titular de tu imagen, y nadie puede usarla, explotarla o comercializarla sin tu autorización.
Un derecho personalísimo y limitado por el consentimiento
El derecho de imagen no es una mercancía que se regala para siempre. Es un derecho personalísimo: puedes autorizar su uso, pero esa autorización debe ser clara, específica y limitada. Para que tenga validez, lo ideal es que el consentimiento defina:
- Finalidad: ¿para qué se usará tu imagen? (ejemplo: campaña publicitaria concreta).
- Medios: ¿dónde se difundirá? (afiches, prensa, redes sociales, TV, web corporativa).
- Ámbito territorial: ¿en qué países o regiones?
- Plazo: ¿por cuánto tiempo? (no es eterno).
- Contraprestación: ¿habrá pago o será gratuita?
Ejemplo práctico sobre consentimiento
Si una empresa desea extender el plazo, cambiar los medios (por ejemplo, pasar de afiches a anuncios digitales) o darle un uso distinto al autorizado, deberá pedirte de nuevo tu consentimiento.
Ejemplo sencillo: aceptaste aparecer en la campaña de fin de año de tu empresa local en 2024, solo para afiches en tu ciudad y por tres meses. Eso no habilita a la empresa a usar esa misma foto en 2026 ni a convertirla en pauta digital global, salvo que vuelvan a pedir tu autorización.
Este caso demuestra que el derecho de imagen en Rogue One trasciende lo cinematográfico: plantea preguntas jurídicas sobre consentimiento y explotación comercial.
No confundir: imagen, honor, privacidad y derechos de autor
Aunque suelen mezclarse, no son lo mismo:
- Imagen: protege tu apariencia identificable (rostro, rasgos).
- Honor e intimidad/privacidad: protegen tu reputación y tu vida privada frente a intromisiones no consentidas.
- Propiedad intelectual: la fotografía en sí es una obra protegida por derechos de autor del fotógrafo. Es decir, el fotógrafo tiene derechos sobre la foto y tú sobre tu imagen dentro de ella, y ambos deben respetarse.
El derecho de imagen después de la muerte
En caso de fallecimiento, el derecho de imagen no desaparece de inmediato, sino que sus herederos legales pueden autorizar o negar el uso de tu imagen con fines comerciales.
Ellos actúan como titulares de ese derecho patrimonial, lo que significa que podrán decidir si tu rostro, tu voz o tu apariencia se usan en campañas publicitarias, productos o recreaciones digitales.
Sin embargo, esta facultad no es absoluta: debe ejercerse con respeto a tu memoria, a tu dignidad y a las condiciones que hayas dejado en vida (por ejemplo, mediante un contrato o testamento).
Caso James Earl Jones y la voz digital
Un ejemplo de esto es la voz del icónico James Earl Jones (Darth Vader, Mufasa) quien después de fallecer , su voz fue utilizada póstumamente en el juego fornite , con autorización de su familia.
Conclusión: el precedente del derecho de imagen en Rogue One
El debate sobre el derecho de imagen en Rogue One seguirá marcando un precedente en la era digital y en futuros casos de recreación de actores.


