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En un mundo que insiste en escapar de la rutina, la creatividad en la rutina diaria se presenta como una alternativa poderosa y necesaria. En lugar de huir de lo cotidiano, el verdadero llamado es a vivirlo con conciencia. Esto no implica resignarse pasivamente, sino más bien construir la rutina desde una perspectiva creativa. ¿Qué significa esto? Que lejos de restringirla, podemos experimentar la rutina como una fuente genuina de imágenes, ideas y formas que alimenten el propósito personal de cada quien.

Donde esté tu atención, está tu libertad

Zheng Gong

Descubrir la creatividad en la rutina diaria

Que las ideas nunca terminen

Según el científico y bicimensajero Frank Berzbach, la atención plena es un concepto que suele malinterpretarse porque esta “no implica huir de la rutina ni es ningún tipo de magia.  La atención plena no implica mirar al mundo a través de unas gafas con lentes de color de rosa ni tampoco es una técnica para relajarse u obtener bienestar…por atención plena (sati) se entiende la observación directa sin valoración del cuerpo y del espíritu en el momento presente.  Se asocia a una actitud de desapego respecto a las personas, las intenciones o las cosas.  Consiste en aceptar con receptividad y paciencia lo que ocurre, permaneciendo presentes, curiosos y apacibles, e intentando que toda reacción sea fruto de la reflexión y no de los reflejos”.[1]

En ese sentido, cabe preguntarnos por nuestro propio interés y atención a la rutina ¿Somos autómatas en la vida? ¿Nos vamos por el mundo en modo mecánico, sin ningún tipo de reflexión? O, por el contrario, elegimos la curiosidad y su materia prima, las preguntas, ¿para mirar la cotidianidad de frente y sacarle su mayor provecho?

Justamente este camino de la interpelación curiosa a lo cotidiano es el que puede darnos ideas fabulosas, pensamientos potentes y acciones creativas conscientes. El helecho que frente a mi es mecido por una suave brisa, la toalla engrasada en la cocina, el ruido de la máquina de afeitar eléctrica que se escucha en el baño justo ahora, pueden aportar para mi proceso de creación. Parece extraño, pero en esas situaciones cotidianas habita latente una posibilidad de dar forma, de intervenir creativamente la rutina, la vida.

La curiosidad como motor creativo en lo cotidiano

Manos colaborando en el dibujo de una bombilla, simbolizando la generación creativa de ideas.

El error más común cuando hablamos de creatividad, tiene que ver con que la relacionamos como un acto extraordinario y exclusivo para ciertas personas, cuando es en sí misma un acto ordinario, accesible en todo momento, lugar y situación; y no por ello menos complejo.

La creatividad es comúnmente definida como la capacidad de generar ideas nuevas y valiosas, ya sea en forma de soluciones, palabras, gestos o proyectos.  Es una fuerza que todas las personas podemos experimentar. Así, que, si la creatividad es “la naturaleza revelándose en nosotros”, un camino seguro para entrar en contacto con ella es la atención a la cotidiano.  Hagamos un ensayo: observa dos elementos del entorno en el que te encuentras. Ahora combínalos ¿Qué podría surgir de esta mezcla? No juzgues, porque el juicio es muy común en la ideación y lo único que hace es bloquear el proceso creativo. Abre la llave sin permitirte expresiones como “Eso es una locura”, ¡Qué tontería!, “Eso no tiene sentido” …

Para darte un ejemplo, en mi caso seleccioné una silla del comedor y un vaso de vidrio que tengo al frente. Entonces se viene a mi mente una silla de cristal, luego aparece una imagen de la silla transparente con agua fluyendo dentro, y luego se me figura un vaso en forma de silla. Parece algo básico, a la vez en este acto de combinación se evidencia un gesto creativo producto de un hecho cotidiano.

Cómo encontrar creatividad en la rutina diaria desde lo cotidiano

Explosión de pintura colorida emergiendo de una bombilla, simbolizando una idea creativa.

Te podrás preguntar ¿hubo algún esfuerzo en este ejercicio? Te diría que sí, el esfuerzo de la atención, porque para crear el vaso en forma de silla debí mirar, detenerme y contemplar.

Berzbach nos invita a pensar entonces que “cualquier disciplina dedicada a la creación consciente de formas implica también el trabajo, el esfuerzo constante y la capacidad de concentración”.  Crear desde la rutina implica comprender para no desperdiciar ese objeto o situación que “contiene” la idea que buscas, que la inspira, que produce la chispa que la detona o que complementa esa idea ya existente.

Así que la rutina, si bien puede llegar a ser una estructura pesada y difícil de maniobrar, puede ser también campo fértil de creación, uno que, al ser abonado con la atención, incluso puede florecer hasta el punto de transformar lo cotidiano en algo extraordinario. Y con esto no pretendo idealizar la rutina, porque desde una perspectiva socio económica guarda en sus estructuras trazos de un sistema capitalista que da forma a los días a punta de anhelos de consumo, de la productividad de la fuerza de trabajo orientada a la rentabilidad excesiva, de coreografías precisas y a veces macabras para el espíritu humano.

Transformar la rutina en fuente de inspiración

Un universo de ideas

Lo que sí pretendo es proponer la capacidad de mirarla de frente, conscientemente y sacarle el jugo para nuestro beneficio, desde las herramientas de las que disponemos en el universo de la creatividad: las preguntas, la observación, la interpelación, el silencio y la atención, porque el objetivo de prestar atención a la rutina es desarrollar una relación inteligente con ella. Y si a todas estas no lo logras, permítete aburrirte, porque la aburrición también es necesaria para desarrollar la creatividad.

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